domingo, 15 de abril de 2012

Hundiéndose en la nube

domingo, 15 de abril de 2012

Microsoft apostó por «la nube» en sus productos de telefonía desde que desarrolló el Windows Phone 7. Como ya se comentaba en el artículo anterior, apostar por este relativamente nuevo paradigma basado totalmente en servicios y recursos «en-línea», tenía sentido para empresas como Apple y Google. Al no disponer de productos de escritorio previos con el suficiente éxito, esta era su mejor, por no decir única, salida estratégica. Sin embargo, a pesar de defender el uso de la nube, estas empresas no perdían de vista sus productos físicos, que no deja de sacar al mercado: sus iPhone o Google con sus innumerables Nexus uno tras otro, e incluso otras empresas nacidas en entornos restringidos como una red social como Facebook, buscan un sitio fuera del mundo virtual con sus propios dispositivos.

La empresa de Redmon al contrario, disponía de una de las mejores suites de ofimática para PC's de escritorio que se han programado: Office —Microsoft nunca ha destacado por la originalidad de los nombres—. El cliente de correo, agenda y gestor de tareas Outlook es uno de los más utilizados, de los más completos y que se sincronizan completamente con dispositivos portátiles —PDA's con SO Pocket PC—. Pero tenía un «defecto»: no requería necesariamente de una conexión a internet para funcionar, lo que impedía el llegar a acuerdos exclusivos con operadores de telefonía para monopolizar su uso y restringirlo plenamente a los designios de la compañía. Esta fue una de las claves del éxito comercial de Apple y su producto estrella: el iPhone. Esto, junto a cobrar por todo tipo de servicios, necesarios para utilizar el terminal.

Hay que señalar que esto no representaba apenas ventaja para los usuarios. Se trataba más bien de disimular una carencia de la empresa, y convertirla en una ventaja. Jobs, con su magistral «inteligencia escénica» y su «diseño emocional», abdujo a los consumidores para que ignoraran esta circunstancia y comprendieran que Apple era todo lo que necesitaban (sic).

La nube es una buena herramienta. Permite tener unos datos determinados disponibles para ser compartidos desde cualquier sitio con conexión a internet. Pero entre esto y, no tener más opción que tener todo en un servidor a kilómetros de distancia, hay un trecho —nunca mejor dicho— muy grande: problemas de seguridad, de privacidad, de confidencialidad, y de accesibilidad en caso de problemas de cobertura, lo que deja prácticamente inservibles los dispositivos. Es un cambio de paradigma, cuya idoneidad no nos han dejado decidirla.

Microsoft, en lugar de mejorar el paradigma tradicional en el que era líder, se intenta subir al carro y seguir los pasos del éxito comercial de Apple y Google, despreciando a sus usuarios de escritorio, que sólo como opción desean disfrutar de la nube y eligiendo ellos el contenido de lo que desean compartir.

En Apple ya sabemos que la libertad de los usuarios no es uno de su principales objetivos. Google no tiene más opción ya que son una empresa de software en red sin productos de hardware asociado  —antes de la salida al mercado de su Nexus ONE—, aunque tampoco muestra en ocasiones interés por los usuarios, cancelando productos repentinamente (Wave, Buzz, Code Search). De Facebook no es necesario hablar. Y Microsoft, pues lo mismo, pero con mucha menos gracia —su problema no son sus informáticos, sino su personal de Marketing—. El intento más reciente consiste en ofrecer como opción el almacenaje en la nube de nada más y nada menos que el mismísimo escritorio de nuestros equipos de sobremesa, con el nuevo sistema operativo Windows 8.

Sí, se presenta como una opción, cierto, pero visto que la nube es utilizada más como estratagema comercial que como valor añadido a los usuarios, no me fío nada. Y lo más gracioso del asunto es que lo presentan como una novedad, cuando esto ya existía.

Enlaces:

viernes, 13 de abril de 2012

Una estupidez llamada Windows Phone 7

viernes, 13 de abril de 2012
logo del nuevo sistema operativo de microsoft para dispositivos portátiles

Una de las pocas ventajas estratégicas que tenía Microsoft frente a sus rivales —en concreto, iPhone y Android— era su software de agenda Outlook. Sus terminales móviles —mayormente las Pocket PC con Windows Mobile— se sincronizaban con dicho programa directamente, mientras que la competencia debía de recurrir a compartirlo en «la nube». Una nube que por si misma no tiene valor verdaderamente, sólo según la función para la que se utilice. A Microsoft no le hacía falta para esto, los usuarios ya disponían de sus contactos en sus ordenadores de escritorio. Tan sólo necesitaban poder llevárselos consigo en un móvil o dispositivo portátil. 

Por este motivo, el iPhone sólo se comercializaba con una cuenta de datos asociada de velocidad generosa, ya que dependía por completo de una conexión a Internet. La llamada «nube», vendida como algo imprescindible para todo usuario, no era más que un truco estratégico de empresas como Apple —truco vendido magistralmente, eso si, por el fallecido Steve Jobs— que no podían competir con la omnipresente microsoft en los ordenadores de sobremesa. La nube no representa necesariamente un valor añadido para el usuario, sobre todo cuando se impone como obligación.

En el caso de Microsoft la nube podía haber sido un buen apoyo para salvaguardar los datos, contactos, mensajes... aquella información que el usuario escogiese guardar. Era sólo necesario como opción... hasta ahora. Sorprendentemente, en los nuevos sistemas operativos para móviles (o celulares) Windows Phone 7 (WPH7), la empresa de Redmon ha vuelto a cometer lo que considero otra estupidez en su habitualmente torpe estrategia de marketing, dejando como única opción la importación-exportación de datos de agenda (calendario y contactos, tareas no) a través de un Live ID (el servicio en-línea de Microsoft) y una cuenta de Microsoft Exchange, tal y como hacen Gmail y el mencionado de Apple.

De esta forma, el valor añadido que podría suponer WPH7 para los usuarios de Outlook —que son muchos o al menos, los que quedan fieles a Microsoft— se tira por el retrete, junto con toda la información que ahora tendremos que sincronizar manualmente para funcionar con la nube, sí o sí. Es necesario recurrir a utilidades de terceros de pago, para tener la funcionalidad que antaño era completamente normal en las pocket con Windows Mobile.

Que no se quejen si la gente les llama «Mocosoft»

Más información:

lunes, 9 de abril de 2012

Entropía en la nube

lunes, 9 de abril de 2012
Representación de Internet como una «nube» de datos e información

El concepto de «computación en la nube» (cloud computing) está siendo utilizado con relativa asiduidad en el ámbito de los grandes proyectos relacionados con Internet. El todopoderoso Google, basa parte de la eficacia de su buscador en dicho concepto, y muchas de sus aplicaciones incluida la de su futuro sistema operativo, están basadas en esta tecnología o concepto informático. Esta técnica está muy relacionada con la llamada computación compartida, en la que un gran número de computadores convencionales conectados en red actúan de forma coordinada compartiendo tiempo de computación y procesando de forma paralela fragmentos de código, de forma que el rendimiento global podría superar con creces al que cualquier supercomputador.

Podría por tanto definirse «la nube» en términos que nos interesan para este caso, como la maraña formada por la red mundial y todos los equipos, bases de datos y fuentes de información en general conectadas a ella. El termino «nube» es apropiado como veremos, ya que existe un parámetro que relaciona a esta nube de datos e información con los sistemas gaseosos. Seguramente, las personas familiarizadas con la física y los procesos termodinámicos conocen una magnitud muy utilizada en estos ámbitos denominada entropía. La principal característica que la define podría enunciarse de la siguiente manera: cuanta mayor entropía, menor será la cantidad de energía aprovechable en un sistema cualesquiera.

En Teoría de la Información, la entropía es también utilizada para medir el grado de relevancia de la información extraída. Normalmente, cuanta mayor sea la probabilidad de encontrar una palabra, por ejemplo, menor relevante será. Digamos que: a mayor entropía informativa, menor información relevante. Para poder utilizar los conceptos termodinámicos de la física aplicados a la información con la esperanza de comprender mejor lo que ocurre con la información en «la nube», se continua con la analogía mostrando en la siguiente tabla la relación de conceptos de ambos ámbitos:

Fuerza/masa/peso Datos
Energía (capacidad de producir trabajo) Información (capacidad de producir conocimiento)
Trabajo Conocimiento
Tabla 1. — Relación entre los conceptos de la termodinámica
y la teoría de la información (Fuente: elaboración propia)

La tabla anterior podría explicarse de la siguiente manera:
  • Fuerza/datos: cuando mandamos un correo con archivos adjuntos o descargamos una imagen, se suele referirse al tamaño como «el peso», esto es, independientemente de cuales sean los datos y la información que contengan. Igual peso tendrá un archivo de un megabyte, sea un .pdf, un .jpg o un .zip corrupto. El peso en física es la fuerza con la que la masa de nuestro planeta nos atrae, y es directamente proporcional a la masa. Los datos son por tanto el equivalente en la nube informativa de la masa que hay que transmitir con un determinado ancho de banda o velocidad de transmisión.
  • Energía/información: Albert Einstein demostró al mundo que masa y energía son dos caras de la misma moneda. Los datos son por tanto en nuestra nube, materia transformable en energía informativa.
  • Trabajo/conocimiento: en física, no toda la energía es aprovechable. En todas las máquinas hay siempre una parte de energía que se escapa en forma de calor y que por lo tanto, no produce trabajo. Por ejemplo, se puede estar empujando una mesa con toda la fuerza del mundo, que hasta que no empiece a moverse no se producirá trabajo, empleándose una energía proporcional al producido. El resto de energía se escapa en forma de calor que nos produce sudores, los mismos que corren por nuestra frente cuando no encontramos más que información que no nos satisface para conocer lo que deseamos averiguar. En definitiva, no toda la información produce conocimiento, y no siempre (casi nunca) mucha información implica mayor conocimiento.

Para que la energía sea aprovechable ha de existir un desequilibrio termodinámico para que fluya de una parte a otra produciendo trabajo en el proceso. Cuando realizamos una búsqueda, se asume que no toda la información es igualmente relevante, y que existirá una de ella que producirá conocimiento cuando fluya al receptor que la necesite. Igualmente, el receptor ha de ignorar la información que contiene, ya que si ya la conoce no le será de utilidad. Estas situaciones en las que hay grandes desequilibrios implican una baja entropía y por lo tanto, mayor probabilidad de encontrar información que produzca conocimiento. De que exista un flujo de información.

Si por el contrario la mayor parte de la información posee la misma relevancia, es decir, la misma capacidad de producir conocimiento, esto ha de significar que casi todo lo que se encuentre tendrá escaso valor. Esto es lo que ocurre con aquellas palabras de un texto que no aportan información, como por ejemplo los artículos o las conjunciones. Cuanto más ruido exista de este tipo, mayor entropía y menor conocimiento serán capaces de producir. En los sistemas termodinámicos la alta entropía implica que se está en equilibrio. Que está inerte.

La variedad será entonces una indicación de baja entropía. La uniformidad es la muerte del conocimiento.

Enlaces relacionados
  • Marcos Ros Martín. Los flujos de información ni se crean ni se destruyen, solo se trasforman. Blog El periodista enredado. Enlace aquí. [publicado 30/julio/2009]
  • Stefan Nikolaev. Siete buscadores semánticos que quizá te hagan olvidar Google. Periodista digital. Enlace aquí [publicado 03/05/2010]
  • Antonio Ortíz. Qué es el cloud computing. Blog Error 500. Enlace aquí. [publicado 17/12/2008]

viernes, 6 de abril de 2012

Información y conocimiento

viernes, 6 de abril de 2012
Vivimos en la era de la información. Nunca, en ningún otro momento de la Historia se ha disfrutado de semejante capacidad para almacenar, clasificar y transmitir información. Sin embargo, la capacidad del ser humano no ha variado. Esto provoca que, paradójicamente, la sociedad se encuentre más perdida y más mal informada que en otras épocas en las que las limitaciones tecnológicas actuaban como filtro y, de esta forma, sólo aquella información valiosa y contrastada era publicada.

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Fuente: elaboración propia
Hasta ahora, las dificultades consistían en la búsqueda de sistemas de almacenaje, clasificación, transmisión y  recuperación de la información. Con la informática, el almacenaje y transmisión de la información quedaban satisfactoriamente resueltos, pero al aumentar la cantidad de información y los medios de transmisión, los sistemas de clasificación y recuperación quedaban obsoletos. Es decir, el avance tecnológico que implica una mayor capacidad para almacenar y transmitir información, provoca que esta sea menos accesible al quedarse los sistemas que permiten al ser humano recuperarla de forma precisa y exhaustiva, inútiles.

Pero la información es tan sólo lo que los sistemas informáticos manejan bien. Es para lo que están hechos. Lo que no saben manejar ya que de momento no «comprenden», es el conocimiento. El Saber Humano ha sido almacenado (y clasificado y transmitido) a lo largo de la Historia de diversas maneras, pero ha sido siempre el ser humano el que finalmente ha «capitalizado» toda esa información en forma de conocimiento útil para el mismo. Toda la información del universo no sirve para nada sino es capaz de generar un conocimiento útil en un receptor adecuado. Los datos son la materia bruta de la información, y la información lo es a su vez del conocimiento.

Los datos en forma de unos y ceros son indistinguibles para un computador que los almacena y transmite indiscriminadamente. Si le aplicamos un protocolo podremos organizar dichos datos en forma de información coherente. Pero es sólo el ser humano el que es capaz de convertir esa información en conocimiento.

Y para lograr esto es necesario que le llegue de una forma ordenada e inteligible. Que sea precisa, exhaustiva y relevante, arreglo a unos deseos de conocimiento específico, entre todo el creciente ruido en las Redes.

jueves, 5 de abril de 2012

Cambios en el blog

jueves, 5 de abril de 2012
Desde ayer, el blog pasó a llamarse Información y realidad. El resto de direcciones, canales de suscripción y demás, se mantienen como estaban. 

El cambio de nombre responde a una actualización de la temática del blog, en la que se van a incluir aspectos de teoría de la información, de gestión documental, y otros aspectos relacionados con las nuevas tecnologías y el acceso a la información. Además de los anteriores, aunque estos en menor medida.

Espero que sea de su agrado.

sábado, 4 de febrero de 2012

La misma guerra de siempre

sábado, 4 de febrero de 2012
¿Tienen dueño las ideas? Esta sencilla pregunta, esconde un debate seguramente mucho más profundo de lo que parece a simple vista. Actualmente, en la era de la información, de la comunicación, y del intercambio de ideas en forma de etéreos flujos de bits a través de la nube, auténtica metáfora del reino platónico de las ideas, adquiere una importancia como seguramente en la Historia no ha tenido nunca.

Tener una idea se asocia con una bombillita que surge de repente sobre tu cabeza. Pero poseer una como si se pudiera guardar en un cajón, se me antoja extraño y distinto. Que ahora se hable de la propiedad intelectual, y se realicen acciones judiciales y policiales como si de robos de banco se tratase, me hace sentir como si me hubiera perdido algo. No observo que se hable de propiedades intelectuales, sino de propiedades materiales. O del fruto material del comercio con ellas.

¿Cómo se ha llegado a esto? Imagino que en la antiguedad las ideas no significaban nada si no se ponían en práctica. El comercio con «ideas», apenas se ha realizado o ha supuesto importancia alguna en la Historia. Siempre se ha comerciado con el producto de dichas ideas.

Con la escritura fue posible plasmar esas ideas en un medio físico. Pero dados los medios de producción y comunicación que han existitdo hasta hace muy poco, no tenía sentido el comercio con estos medios. Las ideas se almacenaban en pergaminos, esculturas, pinturas, etc, en grandes bibiliotecas y museos, a las cuales la gente acudía para consultarlas o disfrutar de su contemplación.

¿Qué ganaban los autores? Reconocimiento, prestigio, privilegios, aquello que tenía valor en aquel entonces. El autor era el personaje principal en esta historia. Alguien que tenía «buenas ideas», como para que se las copiaran a mano, tenía «autoridad». Era alguien importante, envidiado, relevante, escuchado. Los grandes filósofos competían entre sí para ver quien describía mejor la realidad. Muchos hubieran deseado ser uno de ellos.

Con la llegada de la imprenta muchos siglos después de la escritura, esta situación cambió ligeramente. Sin embargo, se utilizó para difundir libros clásicos (cultura greco-romana), eclesiasticos o religiosos (La Biblia) o por encargos de las «autoridades» políticas. La estructura social y política, así como la poca o nula alfabetización de la gran mayoría de la población, ocasionaron que no existiera un comercio literario o cultural auténtico hasta mucho después. Todo giraba alrededor de las necesidades de las jerarquía gobernantes, siendo sus necesidades las que definían el panorama de «intercambio cultural» de la época.

Ni las mejoras tecnológicas posteriores pudieron cambiar la situación. No fue hasta después de las revoluciones políticas de la era contemporánea, cuando la difusión de la cultura ya no dependia tanto de las decisiones de unos pocos. Sin embargo, los medios de comunicación continuaban estando controlados por el poder. La información era proporcionada y filtrada desde arriba en la jerarquía política. La alfabetización comenzaba a aumentar significativamente, pero el intercambio cultural contínuaba siendo muy escaso debido a que no existían medios al alcance del pueblo llano para ello. Por primera vez en la Historia, la sociedad tiene actualmente la capacidad tecnológica, las herramientas, la alfabetización y los conocimientos necesarios para tener sus propios canales de comunicación. Y, ¿es ahora cuando surge la necesidad de definir legalmente la «propiedad intelectual» o los «derechos de los autores»?.

El problema es que estamos inmersos en la crisis de un modelo económico basado en el consumismo sistemático, gestado desde pasada la 2ª Guerra Mundial. Guerra que, como muchas otras, sirvio de pretexto para salvar algunas economías. Las editoriales y los canales de distribución que han fomentado dicho modelo (entre otros) y que se han enriquecido con el, contemplan de pronto como una gran parte de la sociedad, así como los autores que pueden distribuir sus obras por otros canales, no les necesita. Sus modelos de negocio ineficientes, orientados a maximizar el beneficio no a través de la satisfacción del usuario, sino de su explotación, se ven amenazados. Nunca supusieron un valor para el consumidor, simplemente, no había otra opción.

Claro que es necesario un debate sobre hasta qué punto un autor ha de tener alguna retribución por las ganacias que otros logran gracias a comerciar con sus obras intelectuales. Pero también hay que tener en cuenta en la discusión, el beneficio que supone para el autor la difusiòn de su obra, que le puede ser útil para lograr reconocimiento en otros ámbitos. Por otro lado, el sostenimiento de servidores para alojar todo tipo de material, tiene un coste, y tiene sentido cobrar algo por ello. Pero la cuestión es buscar cabezas de turco para volver a controlar los canales de distribución. Quitarse de en medio a nuevos agentes que crean competencia indeseada.

En definitiva, es una guerra (la World War Web, como algunos la definen) por la defensa del «status quo». La guerra de unas minorías poderosas que han monopolizado los recursos, contra las mayorías  que buscan alternativas.

Una guerra nueva, pero por lo mismo de siempre

lunes, 9 de enero de 2012

Lengua y simbolismo

lunes, 9 de enero de 2012
La multitud de lenguas representa las distintas formas de relacionarse con el mundo, en función de cada forma local de hacerlo

¿Que diferencia a unas lenguas de otras? ¿son igual de útiles? Millones de años de  lentos cambios biológicos fueron necesarios para que un ser vivo desarrollara la capacidad de emitir sonidos y de utilizar estos para comunicarse con sus congéneres. Varias son las especies que actualmente hacen uso de esta habilidad, pero si hay una cualidad que distingue a los homínidos del resto de las que pueblan o han poblado este planeta, es seguramente la capacidad de representación simbólica.

Gracias a esta característica, los primitivos seres humanos tenían la facultad de identificar aquello que les era de necesidad o les preocupaba: peligros, seres mitológicos que representaban fuerzas de la naturaleza, etc. Y así, de esta forma, abstrajeron y sintetizaron en símbolos todas aquellas cosas de su entorno natural que eran capaces de interpretar. Con la intención de enfrentarse con mayores garantías a la gran cantidad de peligros del durísimo mundo prehistórico en el que la especie humana comenzó su andadura, los seres humanos se dispusieron a organizarse alrededor de tótemes, que representaban para ellos todo aquello gracias a lo cual lograban sobrevivir un día más. Con esta forma de representar e intentar comprender a la naturaleza, esta tenía por fin a alguien que le escuchara y que poco a poco, empezaba a entenderla.(1)

El tótem es aún hoy una forma de representación simbólica que de alguna forma aúna toda la creencia mística del grupoEstos símbolos alrededor de los cuales se organizaban las personas, poseen desde entonces por este motivo una característica fundamental: no son exclusivos de un solo individuo. Un símbolo que sólo es entendido por una persona no es útil, no cumple su función básica. Se puede suponer que el descubrimiento de un símbolo implica la existencia tras él de un grupo de personas para las cuales tiene el mismo significado o muy similar. Se desprende de esta circunstancia otra peculiaridad, como consecuencia de que cada grupo desarrollara su propio código simbólico, pasando a formar parte de su bagaje cultural: su carácter eminentemente tribal.

Considerando el concepto «nación» como un concepto evolucionado de tribu con similares elementos identificativos, la lengua es también uno de ellos y de las que más reacciones suscita entre los miembros del grupo en cuanto la ven «atacada». Reacción que como se puede comprobar parece que ha perdurado en la memoria colectiva, y que se hace notar en aquellos colectivos que viven sujetos fuertemente a su pasado.

Paradójicamente, a pesar de su origen, una lengua adquiere mayor importancia por cuanto es capaz de transcender de su carácter local y sirve como herramienta de comunicación de pueblos, razas y culturas distintas. Es de esta forma como acaba perdurando en el tiempo y como una lengua se expande geográficamente: por su universalidad.

escritura_modernaPara que se dé esta circunstancia no basta con disponer de un conjunto de símbolos representados en imágenes o monumentos, que definan conceptos abstractos y poco definidos. Si bien el lenguaje sonoro y el uso de símbolos fueron logros importantes, mucho más especial fue el «milagroso» surgir de la habilidad mental y cultural de elaborar un lenguaje sofisticado capaz de transmitir ideas y conceptos elaborados, mucho más allá de las necesidades primarias animales. Hace unos 6000 años aproximadamente, esta capacidad de representación simbólica y de comunicación mediante un lenguaje con estructuras sintácticas dio como fruto otro de los grandes hitos de la humanidad: el lenguaje escrito.

Desde la antigüedad hasta la actualidad

¿Que determina el éxito de una lengua?. Pregunta muy ambiciosa la que enfrentarse. En principio, se puede suponer que cualesquiera lenguas que cumplan las características citadas son teóricamente iguales. Pero en la práctica vemos que no todas lo son, por diversas causas:
  • El número de hablantes.
  • La existencia dentro de entornos sociales distintos.
  • El desarrollo histórico y político.
  • La existencia de una literatura importante.  
Todos estos factores están interrelacionados. Unos influyen en el resto recíprocamente, lo que obliga a considerar todo en su conjunto. Una lengua permite a una sociedad desarrollarse, al poder compartir y transmitir conocimientos y soluciones de problemas. Dicho desarrollo permite la existencia de una mejor educación, lo que hace que la lengua se enriquezca, lo cuál a su vez provoca que el intercambio de conocimientos sea más eficiente y más complejo, repitiendose el ciclo. Pero si tenemos que escoger un factor que puede influir con mayor fuerza que otras en el desarrollo y expansión de una lengua, ese no es otro que el poder político. 

Desde el momento en que una entidad política decide sobre un símbolo tribal, puede hacerlo para superar esa forma de organizarse basada en el miedo hacia peligros externos, con imaginarios enemigos acechando por doquier; hacía otra basada en otros conceptos más racionales. No siempre se hace bien, ya que generalmente, el poder político se ha limitado a imponer su criterio particular, no necesariamente mejor que cualquier otro.

O puede hacerlo para todo lo contrario. Hacer uso de las herramientas políticas que un sistema ofrece, para difundir la supuesta existencia de enemigos externos al mismo, estimulando el miedo tribal atávico de los seres humanos. De esta forma, lograr que se reúnan imaginariamente convencidos de alcanzar la seguridad, alrededor de un tótem adecuadamente escogido, como una lengua local. Y así, obtienen además el apoyo necesario que esas herramientas políticas requieren dentro del sistema, para su beneficio.


(1) Arsuaga, J. L., "Capitulo 9. Y el mundo se hizo transparente", El collar del neandertal: en busca de los primeros pensadores. 8ª ed. Madrid: Temas de Hoy, 1999

Nota: este artículo ha sido modificado y reeditado. La anterior versión está aquí.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La economía del bien común

viernes, 11 de noviembre de 2011
bien común
¿Debe estar la economía al servicio de la sociedad?. Si es así, entonces  ésta ha de tener los instrumentos políticos adecuados para poder decidir sobre dicha función. De lo contrario, no hay forma de impedir que la sociedad se convierta en una mera consumidora pasiva, a expensas de los que dominen el mercado.

Cada vez más gente piensa que el capitalismo actual no es válido, motivo para el que existen fundamentadas razones. El problema es la deriva que puede ocasionar hacía posturas tradicionalmente de extrema izquierda. Por ejemplo, instaurar una economía planificada y la eliminación de la propiedad privada, medidas que serían totalmente nefastas tanto individual como colectivamente, como también demuestran los hechos.

Desde este rincón se viene defendiendo que el problema no es tanto el capitalismo en si mismo, como el anteponer sus premisas sobre la voluntad democrática de los pueblos (en definitiva, anteponer un sistema económico sobre el político, lo que es una aberración desde el principio). Si se lograra un mercado libre de la siguiente manera, no veo en qué podría ser perjudicial. Más bien parece que al contrario:
  • Compuesto por individuos con igualdad de oportunidad, y un sistema judicial que lo sostenga.
  • Un mercado regulado para impedir cualquier intento por romper estas condiciones en beneficio de unos pocos.
  • Competencia por ofrecer los mejores productos, bajo una reglas decididas por el conjunto de la sociedad a través de los mecanismos adecuados.
El problema es que  este no es el «mercado libre» que hasta ahora hemos tenido. En los EUA, el mercado libre consiste en que las grandes corporaciones y otras entidades político-financieras, tienen vía libre para influir con toda la fuerza de la que dispongan sobre el poder político. De la misma forma, hacen uso de la libertad que el sistema legal les ofrece, para subyugar con el consumismo (las llamadas «máquinas de felicidad») a la sociedad.

En Europa, las sociedades apenas disponen de mecanismos políticos de participación. Sus políticos monopolizan el poder. Por tanto, el poder económico de los EUA y todo el europeo que le sea afín, tan sólo tiene que «influir» adecuadamente sobre un puñado de jefes políticos, para tener sometida a la población entera. Con la única excepción de Suiza y recientemente, Islandia. El problema es por tanto, simple y llanamente, no disponer de la suficiente democracia

Tal vez el primer problema de capitalismo, cuya gravedad está en función de la cultura de la sociedad en concreto, es la no reinversión de las ganancias en la propia empresa o en la sociedad. De esta forma, un empresario puede tener una empresa con éxito, ganar mucho dinero, gastarlo en yates, cochazos y otro tipo de productos más erótico-festivos, y el resto desviarlo a paraísos fiscales. La empresa finalmente acabará obsoleta y quebrará, dejando a sus empleados en paro. Situación que no le importará lo más mínimo al empresario protagonista, ya que podrá volver a comenzar para dejar en el miserable paro de nuevo a muchos ciudadanos y continuar enriqueciéndose. Mientras tanto, la sociedad no sólo no ha recibido beneficio alguno, si no que ha de observar atónita, como su dinero ha ido parar a no se sabe dónde.

Cada uno puede gastarse el dinero en lo que quiera, dirán algunos. El problema es que esta forma de actuar es completamente incongruente con las propias reglas del sistema capitalista, que consiste en el crecimiento continuo. Si no se reinvierte en el negocio para mejorarlo, para hacerlo más competitivo y en definitiva, más útil a la sociedad (o al bien común), no sirve para nada. Y si encima los poderes públicos y políticos participan de este expolio a la sociedad, entonces ya estamos hablando de un auténtico atentado social. Esto es lo que ha estado ocurriendo con la burbuja inmobiliaria, que no ha generado crecimiento ni productividad real ninguna, y que ahora lleva a millones de ciudadanos al paro.

En este sentido no es suficiente con tener democracia. Es necesario conocer estos defectos y problemas potenciales para prevenirlos. En el revelador vídeo a continuación, recomendado por un compañero, se proponen una serie de medidas alternativas a este sistema. Está presentado por el autor de la propuesta, Chistian Felber: